CURSO DE GUIÓN ONLINE EN VÍDEO

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CURSO DE GUIÓN ONLINE EN VÍDEO. Aprende el oficio de escribir guiones desde cualquier sitio y a cualquier hora.
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sábado, 9 de junio de 2012

EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

Me he enfrentado esta semana a un problema atípico en la consultoría de guión. Lo normal es que, cuando nuestra historia se desarrolla en un ámbito poco conocido para la mayoría de la población, una de las tareas fundamentales, y que no todos los guionistas cumplen lo suficiente, es la documentación. Informarse de aquellos detalles que definen a un minero y a la minería, si es que nuestra historia va sobre eso, es imprescindible, no sólo para cargar de verosimilitud la historia, sino porque el conocimiento profundo de ese hecho y de las circunstancias que lo rodean puede ser una interminable fuente de conflictos interesantes que dan vigor e interés al guión.

Pero el caso de esta semana ha sido justo al revés: el autor del guión sabía mucho. Esto, evidentemente, no es malo por lo que he comentado antes; el problema viene cuando quieres exponer en la historia todo cuanto sabes. Así, la historia se convierte en una excusa para dar una información, sacrificando los resortes emocionales del guión. Y, en realidad, es exactamente al contrario: la información y el conocimiento de algo debe ser una excusa para contar una historia emocionante.

El reto consiste en dar la justa información, y hacerlo de manera que la historia no parezca un panfleto propagandístico. Hay que usar sólo aquella información que ayuda a contar la historia que hemos construido, de manera que, si la historia fuera otra, la información utilizada también sería otra. Y, en la medida de lo posible, hay que intentar que no toda la información proceda de la misma fuente. Es decir, la descripción de una enfermedad (si nuestra historia tiene que ver con la medicina) es preferible que no provenga sólo del personaje que hace de médico, sino de otros recursos como la experiencia de algún paciente, la lectura de un informe, el visionado de un vídeo explicativo, la búsqueda en internet por parte del protagonista...

Y esto me trae a la cabeza aquel dicho anónimo que dice: "si quieres aburrir, cuéntalo todo".

sábado, 2 de junio de 2012

JUST WRITE!

Termino de revisar uno de esos libros sobre guión que no te enseñan a escribir (casi ninguno lo hace) pero que son más importantes que los que hablan sobre la teoría de la escritura. Reflexiono y hago memoria de los libros sobre el particular que han caído en mis mis manos desde que comenzó a interesarme el asunto de contar historias. Así, a bote pronto, llego a unas cuantas conclusiones:

1. La mayoría de libros sobre guión te aportan la misma información. Algunos la exponen con una erudita nomenclatura para parecer más relevantes, pero el contenido es el mismo.

2. Es difícil aprender un oficio mediante la lectura de uno o varios libros, por lo que los más convenientes son aquellos cuyo contenido surge de un proceso práctico o de una experiencia de trabajo acumulada a lo largo de años. El mejor de los que conozco es The Tools of Screenwriting, de David Howard.

3. Algunos libros incluyen ejercicios prácticos, lo cual es altamente recomendable, pero el hecho de no poder disfrutar de una corrección y feedback por parte de quien los propone es como querer alimentarse viendo la foto de un jamón.

4. En general en el ámbito pedagógico, no enseña quien informa, sino quien estimula a la acción, al ensayo y al error. Sólo aquellos libros que rascan en el sistema límbico del cerebro (lo emocional) dejan una huella indeleble en el lector.

5. El mejor libro de guión es el que no se lee, sino el que escribe uno mismo en su interior tras la experiencia de escribir guiones y constatar que las ideas propias no son el centro del Universo.

Una vez dicho esto, vuelvo al libro que mencioné al principio de este post: The 101 Habits Of Highly Successful Screenwriters. No dice nada sobre cómo enfrentarse a la escritura de un guión desde el punto de vista técnico, pero sí lo hace desde el punto de vista de la actitud. Habla de los hábitos de un buen número de guionistas de éxito: si escriben de noche, de día, después de hacer deporte, si lo hacen en un bar o en un despacho; si 4 horas al día o 10, si solos o en equipo...

El libro es revelador de muchos aspectos íntimos de las personas entrevistadas y de los entresijos del oficio. No hay dos iguales, todos se enfrentan a su oficio de distinta manera. El denominador común, lo único que les une y les hace iguales, es que todos escriben a diario, constante e incansablemente. Esconden sus inseguridades y sus limitaciones escribiendo con pasión.

Siendo así el libro, ahora pienso que sólo tiene un fallo: el título. Debía haberse titulado "JUST WRITE!"

miércoles, 16 de mayo de 2012

UNA GOTA EN EL OCÉANO

Tras un interesante debate con el también interesante Funky Natra a raíz del post anterior, me surgen muchas inquietudes (que para eso son los debates) sobre el sobado tema del futuro del audiovisual. Rastreo en busca de luz en la red. Me topo con el sabio Sampedro y le oigo decir: "El mundo no cambia: se recrea constantemente para ser siempre distinto, y así ser siempre lo mismo". Uno esa idea aplastante a mi corta experiencia acumulada como comerciante electrónico en un par de proyectos e intento construir algo con un mínimo de sentido que sea aplicable al mundo del audiovisual en general y del guión en particular.

Oigo y leo en mucho sitios que el gran poder de Internet es poder mandar a tomar por saco a los intermediarios: un artista ya no necesitará una distribuidora para exhibir sus obras. Pero lo cierto es que antes tampoco era necesario. Cuando no existía Internet yo aprovechaba cualquier foro, cualquier sala, cualquier medio a mi alcance para castigar a la gente con mis cortos. No era necesaria una distribuidora para ello. Ahora, con Internet, se multiplica la posibilidad de castigar a mucha más gente de muchos más lugares. En ambos casos, mis beneficios de exhibición han sido los mismos: 0€. Paradójicamente, las ocasiones en las que he obtenido retribuciones por mis cortos han sido en festivales y ventas a TV, distribuidora mediante.

Ahora bien, si no hablamos de hacer cine para los amigos, sino de ser profesional, mi impresión es que, como dice Sampedro, el mundo cambia para volver a ser lo mismo. Cuando uno sale a la arena del ciberespacio con su obra, tarda poco menos de unos minutos en advertir que es una gota en el océano. Es cierto que existe la posibilidad de que mi obra la vean en Cochabamba, pero ¿quién le dice a mi público potencial de esa ciudad que mi gota existe? Claro que puedo ponerme a hacer labores de SEO para ganar visibilidad, claro que puedo estar meses entrando en foros y redes para llamar la atención sobre mi obra, y claro que puedo tener suerte (mucha suerte) y conseguir que se viralice. Pero el tiempo y esfuerzo que requiere todo eso es considerable, y si hubiera que ponerlo en valor estaríamos hablando de mucho dinero, probablemente más del que me he gastado en producir la obra.

Incluso considerando que eso es posible, puedes hacerlo una vez o dos a lo sumo porque, dedicado a la búsqueda de clientes online, igual ya ni te queda tiempo de crear la siguiente obra. Al final, para poder seguir creando, tienes que delegar la búsqueda de visibilidad en alguien experto en el asunto que entienda de posicionamiento, que sepa qué plataformas de contenidos existen y cómo se puede acceder a ellas. Alguien que te distribuya, vamos. Como la distribución, otro tipo de tareas adyacentes a la creación deberán ser hechas por profesionales del correspondiente ámbito para poder generar un flujo de producción lo suficientemente notable como para poder capitalizar el talento creador. Y, conforme más gente haya añadiendo gotas al océano, más complejo y difícil será obtener visibilidad, y mayor será la importancia de los intermediarios que distribuyen tu obra.

Y así volvemos al mismo escenario que creíamos haber abandonado, en el que la calidad de la historia, de la producción y de la promoción son lo que realmente importa.