En aquel momento, dada su falta de experiencia, dudé de que pudiera llevar a cabo ese proyecto. No en vano, lo normal es que un guionista consiga vender su primer trabajo una vez escritos un considerable número de guiones con los que adquirir el oficio suficiente para entrar en el mercado. Sin embargo, no tenía delante de mí a un guionista, sino a una persona con la necesidad imperiosa de contar ESA historia. A la media hora de sesión, la cantidad de información y de detalles sobre la vida de un alcohólico fue tan abrumadora que no le hizo falta confesar que hablaba sobre él mismo, que no estaba contando su historia, pero que estaba hablado de su vida, afortunadamente restablecida.
Tras unos meses de reescritura, el de la chupa de cuero comenzó la búsqueda de un productor. Supongo que lo haría con la misma fuerza interior que le impulsó a exorcizarse a través del guión que escribió. Lo que mi impresora está terminando de poner en negro sobre blanco es la versión aceptada por un productor dos años después del primer encuentro a falta de corregir algunos detalles.
Alguien dijo que para escribir sólo hacían falta dos cosas: tener algo que contar... y contarlo.